Del efecto ballena Beluga.-

Últimamente he podido comprobar un extraño fenómeno: en varias ocasiones se han sorprendido al conocerme por no pesar lo mismo que una ballena beluga (especie de cachalote preferida de mi hermana menor).

“Vaya jeta tiene ésta”, -pensarán muchos de Uds. “Si no hace más que pegarse festines, cómo no vamos a pensar que está como una mesa camilla con todo lo que come”. Si bien todo esto es cierto, no todos los días como siete platos y además trato de no llevar una vida sedentaria, a pesar de trabajar 10 horas sentada 5 días a la semana.

Alicia os manda un beso

Alicia os manda un beso.

Si piensan que, llegados a este punto, les voy a revelar grandes secretos de belleza -como hizo en su día Isabel Presley– jurándoles que si se toman 10 pastillas y evitan las proteínas serán igual de guapos y adinerados que ella, es que todavía no me conocen nada.

No seré yo quien, sin tener ningún tipo de estudios en nutrición o dietética, diga qué es lo que hay o no hay que comer. Para todo eso ya hay estudios. Veamos:

Está probado lo malo que es ingerir carne roja en exceso, hete aquí un link de la revista de Harvard en el que el Dr. Frank Hu explicaba las devastadoras consecuencias que tenía para el organismo un elevado consumo de este producto (enfermedades cardíacas, diabetes,etc.). Pues nada habrá que comer pescado, pensarán. Error. Una vez más.

También hay estudios que explican que el pescado  azul contiene mercurio y otros metales pesados que afectan a nuestro organismo. Aquí el link del estudio de la EFSA (European Food Safety Authority) sobre tan sugerente tema.  Puedo leerles el pensamiento: “Bueno, pues nada, sólo como plantas y cosas sanas, sanísimas, sanérrimas”. Qué tristeza de vida, pienso yo y mira tú por donde, esta mañana ojeando los rotativos digitales me he topado con un artículo que rezaba “Ortorexia: enfermar por comer demasiado sano”. Si ya lo intuía yo. De hecho fue un tema que me interesó tras leer la biografía de Steve Jobs, quien se autoimpuso una dieta frugívora la mayor parte de su vida.

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“Me estás mareando, si todo es malo ¿Qué puñetas como?”

Comer es una necesidad fisiológica y, como cualquier otra cosa en la vida, se puede evacuar el trámite abriendo una triste lata en conserva de supermercado cuando a uno le suenan las tripas como si llevase al león de la Goldwyn Mayer o puede disfrutar pegando la nariz al horno para examinar el punto de una suculenta dorada a la sal o para ver como crecen unas maravillosas magdalenas de cardamomo. Eso lo deciden Uds. Pero no dejen que les convenzan sobre las maravillas de comer poco y mal o  abonarse a un solo alimento, diabolizando todo lo demás.

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Mis desayunos los días que voy con prisa.

Coman de todo, con moderación y si disponen de un poco de tiempo inviértanlo en cocinar productos frescos. Eviten la comida manufacturada, porque desde luego lo que es malo -y probablemente engorde- es comer productos creados a partir de tubos de ensayos, que es el caso de casi todo lo que asoma por las estanterías de sus supermercados.

A este respecto, y para ilustrarles como se merecen les recomiendo las obras de  Michael Pollan,  en concreto el libro Food Rules (o su mala traducción “Saber comer”) que versa sobre reglas básicas para alimentarse correctamente. O del sentido común que parece habernos abandonado en estos menesteres. A modo meramente ejemplificativo les dejo las dos primeras reglas que propone este autor, para que quieran saber más y le lean (y porque los derechos de autor impiden la reproducción íntegra de una obra).

Regla núm. 1 COME COMIDA. Cada año aparecen cerca de 17.000 nuevos productos en los supermercados. La mayoría se trata de mezclas diseñadas por científicos de la industria de la alimentación que consisten en derivados del maíz y la soja entre otros, llenos de aditivos químicos.

Regla núm. 2. NO COMAS NADA QUE NO LE PARECIERA COMIDA A TU ABUELA. Geles que parecen pasta de dientes, sabores y aromas que son difíciles de encontrar en la naturaleza, pero que se fabrican pensados y diseñados, aprovechando nuestras debilidades, y gustos por el azúcar, la grasa y la sal y que seguramente tu abuela o bisabuela no habría reconocido como alimento.”

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 Lejos ya de los datos, mi arenga personal y subjetiva es: Levántense, desayunen sentados y bien (desayunar un café no es desayunar), suban por las escaleras y no cojan ascensores, coman las lentejas de su abuela, tomen cañas al sol y si traen pincho piensen en los que han emigrado y no darían un brazo por ese pincho nada apetecible en principio. Coman cocido en invierno y helados en verano, o al revés si les apetece. Salgan a bailar, a correr, a moverse en definitiva. Disfruten del pan que, si es bueno, no engorda, riéguenlo con un buen aceite de oliva que eso es puro oro líquido. Disfruten de los arroces de los domingos o de un buen pescado a la plancha, de madrugar los sábados para hacer la compra en los mercados y después tómense un aperitivo. Lo único que está penado son los excesos.

Coman de todo, muévanse y sean felices que sólo se vive una vez.

Salud.-

3 thoughts on “Del efecto ballena Beluga.-

  1. Eres mi bloggera favorita! Sobre todo por dedicarme el título de tu entrada!!! O es que no son adorables las belugas con su frente abultada??

  2. Hola amor, como no tengo móvil, te escribo para decirte q me he reído y me ha gustado mucho el post. Felicidades. Un besazo

    Enviado desde mi iPad

    > El 08/04/2014, a las 13:01, “Foodnotes [1]” escribió:
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    >

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