“Una Golosina” para el Día del Libro.-

A raíz de la muerte de García Márquez el pasado viernes, pensaba yo sobre el hecho de regalar libros. Muchos de los mejores regalos que me han hecho a lo largo de mi vida han llegado en forma de sugerencia de lectura o de libro y a todos ellos hoy les doy las gracias.

Aprovechando las vacaciones de Semana Santa he devorado un libro que cayó en mis manos por casualidad. Siempre que veo una librería de barrio entro a fisgar, sobretodo entre aquellos libros que no tienen, ni tendrán, versión digital. Así encontré el libro que hoy les recomiendo: “Una Golosina” (2000) de Muriel Barbery. Éste es el título original de la obra que posteriormente se publicó bajo el título de “Rapsodia Gourmet“.

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La mesa de mi casa, verídico.-

Lo elegí entre cienes y cienes de libros porque “La elegancia del erizo” (2006), otro regalo que me hicieron, cuya autoría comparten, me encantó a pesar de su final. Aunque fue esta última obra la que encumbró y dio fama mundial a su autora, llegando incluso a adaptarse como guión cinematográfico, “Una Golosina” fue la primera novela  de Muriel Barbery y le llevó a ganar el Premio al Mejor Libro del Mundo de Literatura Gastronómica en el Salón International du Livre Gourmand-Périgueux. 

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Culturizarse es muy duro.

Quizá el nombre de la autora no les suene demasiado afrancesado, de hecho Muriel Barbery nació en Marruecos, pero a medida que uno se adentra en el libro no puede sino adivinarse que lleva París en la sangre. Epíteto tras epíteto,  el libro narra la historia de los últimos días de un afamado crítico gastronómico afincado en la capital de Francia a través de las vivencias de cada uno de los miembros que componen su familia (perro y gato incluidos).

 De estructura similar a su best-seller y compartiendo el edificio de la entrañable portera Renée- Rue Grenelle,” Una Golosina” transcurre mediante capítulos en los que distintos personajes van asumiendo la voz de narrador, siempre con una dicción sumamente cuidada y elevando el arte de la adjetivación hasta el súmmum.

Leer este libro me ha cautivado, no sólo por el tema gastronómico en sí, que también, sino por la manera de transmitir sentimientos como algo accesorio pero que se vuelve consustancial.

 Mención a parte  merece la elección de cada palabra: las alusiones a la Magdalena de Proust,  la perfección de la descripción de platos relacionados con sus lugares, la evocación de los sentimientos, de los olores, de las texturas y la empatía que los personajes generan a través de las páginas.

Sofisticación en la palabra y en la expresión. Elegancia en esencia incluso para tratar un tema muchas veces considerado como banal: alimentarse.

El señor Pierre Arthens, eje central de la historia, es un crítico gastronómico que convierte el hecho de sentarse a la mesa en puro deleite sensorial. Grandilocuencia. Sirvan como testimonio los siguientes extractos del libro escogidos de manera totalmente subjetiva por distintas razones.

En primer lugar he elegido uno por referirse a las abuelas, ese género de mujeres abnegadas por el que siento una admiración difícil de explicar y del todo irracional:

“Más allá de todo eso, sabían que realizaban proezas que iban directamente al corazón y al cuerpo de los hombres y les conferían frente a sus ojos más grandeza que la que ellas mismas otorgaban a las intrigas del poder y del dinero o a los argumentos de la fuerza social. Ellas poseían a sus hombres, no gracias a los hilos de la administración doméstica, a los hijos, a la respetabilidad, ni siquiera gracias a la cama, sino por las papilas, como si hubieran abierto las jaulas y ellos mismos se hubieran precipitado dentro.”

Sutil, elegante, inspirador, otro fragmento habla de una realidad común, tanto como puede ser el hecho de asar sardinas y, sin embargo, es capaz de evocar sentimientos, de trasladarte, y sino vuelvan a Juzgar Ud. mismos:

Cuando saboreaba esas sardinas asadas, como un autista al que nada podía perturbar, sabía que me volvía humano por ese extraordinario enfrentamiento con una sensación venida de lejos y que me enseñaba, por contraste, mi cualidad de hombre. Mar infinito, cruel, primitivo, refinado, atrapamos con nuestras bocas ávidas los productos de tu misteriosa actividad. La sardina asada nimbaba mi paladar con su amor a directo y exótico, y yo crecía con cada bocado, me elevaba con cada caricia sobre mi lengua de cenizas marítimas de piel crujiente.”

Hete aquí un ejemplo de cómo el hecho de comer encierra siempre otros placeres, incluso carnales:

“No conseguiré sacarme de la cabeza la idea de que las verduras crudas con mayonesa tienen algo fundamentalmente sexual. La dureza de la verdura se insinúa en la untosidad de la crema; no hay, como en muchas preparaciones, química por la cual cada alimento pierde un poco de su naturaleza para aliarse con otro, como el pan y la mantequilla y convertirse en la ósmosis en una nueva maravillosa sustancia.”

Y, cómo no, un libro que versa sobre manduca, siempre habla de pan:

“Hay tal abismo entre la corteza resquebrajada, a veces dura como la piedra, a veces apenas adorno que cede rápidamente a la ofensiva, y la ternura de la sustancia interna que se anida en las mejillas con una docilidad tan amorosa que resulta desconcertante.”

Ojalá consiga algún día, como Muriel Barbery,  hablar de la comida como un simple pretexto para escribirles. Hasta que aprenda, si es que algún día lo hago, les animo a que lean el libro para ver como se puede hablar de vino, sushi, picnic, o amor desde la  exaltación (acertada).

Me despido con una de las frases del libro:

Luego, nunca más supe si era mi infancia o los guisos que no conseguía revivir, pero nunca más degusté tan ávidamente -oximorón en el que soy especialista- como en la mesa de mi abuela…”

Una vez más, me propongo animarles a que regalen libros, y/o libros con rosas. Lean y recuerden que el don de la oratoria (que sólo da la reflexión y la lectura) es un bien escaso y en declive y, por tanto, valorado.

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Cartells -Biblioteca de Catalunya. 1953

Feliz Día del Libro y  Sant Jordi.

Salud.-

Nota final: Todas las sugerencias de títulos de lecturas serán más que bienvenidas y agradecidas.

6 thoughts on ““Una Golosina” para el Día del Libro.-

  1. Buenísima descripción del libro, y buenísima la foto! Le he mandado tu entrada a Carolina Zendrera, la editora que se enamoró del libro y lo consiguió editar en español, y le ha encantado y te está agradecida.
    Luis

  2. No comparto el entusiasmo por este libro de Muriel Barbery, aunque está bien traído y su motivo resplandece en este post, que por otro lado hay que felicitar. En cuanto a las sugerencias, que sea un servicio de tres:“Contra los gourmets” de Manuel Vázquez Montalbán; “Kitchen” de Banana Yoshimoto y “Café Babilonia” de Marsha Mehran. Para terminar un detalle del relato “La cena” de Liliana Bellone:

    “El coloso enciende su mesa de melones y cabritos. Los engulle. Escondo mi pequeña figura entre los tenedores y las copas de vidrio. Miro las uñas del monstruo de perfil recto, miro su sombra y huyo de puntillas de pie a través de las servilletas. Ha de jugar conmigo. Él no me ve. Gruñe. Desea seguir comiendo. Olfatea los manjares. Dulces, merengues, frambuesas con crema, almíbares, azúcares, y yo resbalo por ellos. Huyo entre la melaza y la mantequilla -dorada tostada grasa mantequilla de cerdo de perdiz de conejo de ninfa de codorniz de liebre y tortugas-. Siento el olor del perejil, del tomillo, del laurel, del clavo de olor y debo huir de este antro de comida o quedarme acurrucada para que él no me devore como a una blanda aceituna.”

    Gracias.

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