Madrid, cómo no te voy a querer.-

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“El día en que decidí irme a vivir a Madrid, andaba desquiciada y pendiente del teléfono, como Carmen Maura en Mujeres al borde de un ataque de nervios […] En la película, Carmen se prepara un gazpacho letal cargado de barbitúricos. Yo, en cambio, me comía un cóctel de carne picada en un centro comercial, pero es que pocas cosas son tan antidepresivas como los pepinillos de un cuarto de libra”. Así arranca las reflexiones que Raquel Peláez recoge en el libro “¡Quemad Madrid!” (Ed. Libros del K.O., 2014)

Cuando yo decidí mudarme a Madrid (centro) tenía lo que en las series americanas consideran vida de ejecutiva agresiva, o sea un horario de mierda que sólo permite conciliar la vida social con la de los serenos.

De un tiempo a esta parte mi calidad de vida ha aumentado exponencialmente, tan sólo porque ahora mi horario cumple con lo dispuesto en el Estatuto de los trabajadores. ¡Esos lujos de esta gran nación!

El colmo del éxtasis para alguien que ha vivido pensando que el tiempo libre es lo que hay desde casa al despacho, es la jornada intensiva (e intensa). Por eso, hoy 1 de julio, día en el que muchas empresas dicen tener este horario o  fecha en la que muchos comienzan sus vacaciones, aprovecho para hacer recuento de las cosas por las que adoro Madrid.

Ya lo decía Sabina : “Madrid, invivible pero insustituible“. Hoy les dejo un canto a la esperanza para los que sienten que están a punto de rozar las vacaciones con la yema de los dedos pero les ahogan con cierres y empiezan a odiar el hirviente e intransitable asfalto de Madrid.

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Me gusta levantarme pronto y dar los buenos días,indiscriminadamente mientras el olor a café recién hecho y a tostadas inunda mi diminuta casa de Malasaña.

Me gusta ponerme los cascos y comenzar a andar sin rumbo y esquivando gente por la Gran Vía madrileña mientras me paro a ver los escaparates de la tiendas, bajar hasta Plaza de España y terminar en la librería Ocho y Medio (Martín de los Heros, 11) intentando aprender algo de cine.

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Me pirra salir a correr Bravo Murillo arriba cuando hace frío, porque siento que he vencido la pereza terrible de los minutos de antes y sé que al llegar a casa puedo estar 20 minutos bajo el agua de la ducha cantando.

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Me gusta leer en los trenes que salen de Chamartin o de Atocha o en las colas de embarque del aeropuerto (nunca entenderé por qué hacemos cola si los asientos están asignados).

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Plaza de las Comendadoras

Me gusta mi barrio. Me gusta ir después de comer a por un capucchino de naranja a Toma Café (C/La Palma) o a por un cold brew coffe, desayunar a la hora de comer los fines de semana en Federal (Plaza de las Comendadoras),pararme en el escaparate viejuno de Licores y Conservas Gómez a ver los vinos y espumosos que sé que no voy a beber pero que me encantaría conocer. Me gusta ir a Panic (C/ Conde Duque,13) a comprar pan o sin motivo, sólo por ver a los chicos. Me gusta pasear por la Calle Pez y sentarme en alguna terraza a ver pasar a la gente tan dispar que transita por allí y pensar a dónde van o de dónde vendrán. Me gusta quedar en Tipos Infames (San Joaquín, 3) para tomar algo y hojear libros sin parar. Me gusta el cine al aire libre de Conde Duque. Me gusta ir al Mercado de los Mostenses a comprar alimentos que no conozco y a desayunar al restaurante Chifa (chino-peruano). Me gusta sentarme en la Plaza Dos de Mayo con pizza de Mastropiero para compartir. Me gusta el barrio porque me saluda mi frutero y la señorita de la tintorería.

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Me encanta ver anochecer en el Palacio Real mientras como unos tacos al Pastor de Taquería Mi Ciudad (C/ Fuentes, 11) o ver un concierto de los de los veranos de la Villa en los jardines Sabatini.

Me encanta merendar chocolate caliente en San Ginés después de revolver entre los libros antiguos del Pasadizo.

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Me gusta cruzar Madrid con el coche, de madrugada, sin atascos y con la música a todo volumen.

Me gusta confundir las calles del Barrio Salamanca porque siempre acabo descubriendo algún sitio nuevo o termino yendo al Mercado de la Paz a tomar el pincho de tortilla de Casa Dani, o ir a La Pajarita (C/Villanueva) a comprar caramelos de violeta o chocolates. Sin olvidar los pasteles de limón y merengue de Embassy, que no son de este mundo.

pajarita

Si tengo la suerte de acabar en Sol hay dos paradas irresistibles: las trufas de la Mallorquina, que son todo amor y no hay nada comparable en toda la ciudad y las delicias de la pastelería El Riojano (Calle Mayor, 10).

Me encanta ir a recoger al aeropuerto Adolfo Suárez tanto como odio ir a despedir. Si soy yo la que vuela desde la T4, me encanta ir con tiempo para probar uno de los mejores sushi de Madrid en Kirei (de los dueños del archiconocido Kabuki).

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Pero si hay algo en lo que todo el mundo está de acuerdo, es que lo más bonito de Madrid son sus cielos y su luz.

Madrid: siempre caótica, siempre atascada, siempre solitaria.

¿Y a ti, qué te gusta de Madriz?

Salud.-

3 thoughts on “Madrid, cómo no te voy a querer.-

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