Menorca a pinceladas (I).-

A modo de bonus track llegó este viaje y de igual modo llega esta entrada.

Viajar es la única manera que encuentro de mantenerme viva, de reconciliarme con un planeta que a diario me recluye en una ciudad tan apasionante como asfixiante. Salir y ver que la no formación de gobierno no afecta en nada a un mundo que sigue girando sin preguntar- y hace bien-.

Esta vez hice las maletas (una pequeña, de mano, con hueco para souvenires gastronómicos como siempre) y puse rumbo al territorio más septentrional de la península española: Menorca.

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Todo empezó bajo la batuta de mi profesor de macroeonomía -cuya Guía rápida de la isla está colgada en su web junto a otros papers– y con una ensaimada encima de la mesa. Entre apuntes sobre los mejores sitios para nadar atardeciendo avistamos EL MEJOR SITIO PARA COMER CALDERETA DE LANGOSTA, plato típico de esta gastronomía.

image1Siguiendo sus instrucciones al pie de la letra, como si de una guía para enamorarse se tratara, llegamos por esos caminos insidiosos hasta el Cap de Caballería. Recuerden que tengo cierta filia por los faros. img_1745El paisaje de este isla es brutal. El norte tiene escasa vegetación y el paisaje es árido y abrupto, perfecto para mezclarse con el rojo de un cielo que, de camino al faro, parecía en llamas.

En un pueblecito a escasos kilómetros de allí, y con un puerto pesquero ahíto de barcas de madera listas para faenar llegamos a Fornells, para buscar “Es Cranc”. En un comedor nada ostentoso lo primero que hacen es revisar tu atuendo ofreciéndote baberos. Así las cosas, de esa guisa, probamos un guiso de langosta espectacular, con raciones más que copiosas. El postre, eso sí, defraudó. Como colofón, en el restaurante te invitan a  ver las piscinas en las que tienen a las langostas esperando su Sanmartin.

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Los días en ese trozo del paraíso que han acordado en llamar Menorca, se pasan de cala a cala, andando, disfrutando de los paseos entre los frondosos pinos del sur de las islas, apostando sobre quién serán los dueños de los predios que dominan el islote o queriéndote cambiar por los dueños de las casas blancas que al abrir las ventanas amanecen viendo el mar.

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En septiembre, al llegar la tarde el sol se va antes, por lo que decidimos ir a tomar la famosa Pomada con ginebra Xoriguer (y limón) a la Cova de Xoroi para disfrutar de una de las vistas más alucinantes de la isla, puesta de sol incluida.

No es Ibiza, ni falta que le hace.

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Ojo que también llueve en las islas.

Fuera de temporada no hay tumulto de turistas porque el tiempo es una lotería. Y nos tocó:llovió. Poco tengo yo que objetar a la lluvia. Bien visto es una oportunidad para alargar las comidas, así que eso hicimos. En un pueblecito del interior llamado Sant Climent hay una casa de arroces cuyo rastro en forma de ambientador se puede seguir durante varias calles a la redonda. Es Molí de Foc nos resguardó de la lluvia y nos ofreció cerveza casera que hacen ellos mismos (y comercializan por toda la isla bajo la marca: Grahame).

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De entrante probamos los mejillones Bourguignon que me pirraron. Desde aquí hago un llamamiento para intentar hacerse con la receta de ese majado y compartirla, sería todo un hallazgo poderla hacer en casa.

image5Siguiendo las instrucciones de Matoses  pedimos Fideuá negra con rape, niscalos y calamares con alioli. En cualquier caso el alioli siempre es WIN. Platazo. Buenísimo de sabor y de textura.

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Si van de paso con hueco en la maleta no se olviden de traerse una ginebra Xoriger -que me gusta hasta a mí, abstemia empedernida- y bien de embutido y de queso que además de típicos los pueden encontrar excelsos.

Nuestra parada y fonda fue en la cooperativa Sant Llorenc de Alaior donde encontramos un amplísimo surtido de productos locales y donde, además, te envasan al vacío para que la sobrasada no haga de desodorante de toda tu maleta.

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img_1702Para las ensaimadas paramos en el pueblo de Es Mercadal para hacer cata de los dulces de Cas Sucrer. Mucho mejor las ensaimadas sin relleno que con chocolate y eso que confieso tener un problema de adicción con este último.img_1716

Para terminar de enamorarnos de la isla, el anochecer en Cap Favaritx hizo mis delicias. A medida que uno avanza por los caminos y deja de ver vegetación siente como se adentra en un planeta que bien podría ser Marte. Con la luna pisándonos los talones, acertamos a ver anochecer a los pies de otro punto de luz y guía. Otro faro esperando a trabajar cuando el cielo aplacara el rojo carmesí.img_1804

La pena me invadió cuando intentamos cenar en el bar de marineros Sa Mesquida, quizá sus dueños se hayan finalmente jubilado.

Pero en ese mismo pueblo hay otro enclave gastronómico y cuyas vistas merecen la parada: Cap Roig que nos ofreció Sepia con sobrasada. Debería intentarlo hacer en casa. El mar y montaña menorquin.img_1819

Por último, este arroz caldoso con el mar imponente e infinito a través de las cristaleras como telón de una estupenda cena.
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Como siempre, en directo desde Instagram.

Queda la segunda parte del viaje, no se me vayan.image6

Salud.-

2 thoughts on “Menorca a pinceladas (I).-

  1. Precioso… Lo seguí en directo vía Instagram y ya me gustó; con todas estas notas, aclaraciones y buen gusto gramatical…me ha encantado.
    Gracias.

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